Me aparto para dejarla pasar, y la acompaño a la mesa. Le retiro la silla para que se siente y voy a la cocina a por la fuente de macarrones.
Voy con cuidado hasta la mesa, y comienzo a servirlo.
-¿Lo has hecho tú?- me pregunta intrigada.
-Si, eso dicen jajaja
-Tiene una pinta estupenda, estás hecho todo un cocinitas.
-Qué va, qué va, si para una cosa que me sale... Jajajaja
-Jajajaja entonces tú igual que yo, de cocinar pasta y poco más.
-Exacto jajajaja
Terminamos esta pequeña conversación y se hace el silencio. Al contrario que otras veces, no se hace incómodo. El silencio es muchas veces mejor que la palabra, y lo estábamos comprobando.
Terminamos el primer plato y me voy a por el postre. Me levanto de la mesa, cojo su plato, el mío y la fuente y con cuidado de no tirarlo todo voy hasta la cocina. Lo apoyo todo en la encimera y enciendo el microondas. No tarda mucho en derretirse en chocolate, así que en cuanto está listo cojo los trozos de fruta, el bol con el chocolate y el pañuelo necesario para el juego.
Ella en cuanto me ve aparecer por la puerta se queda alucinando.
-¿Y ese pañuelo?- me dice entre risas.
-Pues que si te apetece vamos a jugar un poco, ¿qué me dices?
-Venga, ¿por qué no? ¿En qué consiste el juego?
-Nos tapamos los ojos, llenamos una fruta con chocolate, y tenemos que intentar darle de comer al otro con las pistas que nos de. ¿Ganador? El que más limpio quede al final del juego.
-Me gusta el juego. ¿Empiezas tú o yo?
-Empieza tú que eres mi invitada.- me acerque a ella y le até el pañuelo tapándole los ojos. Comprobé que no viera nada y entonces le di el plato con frutas para que cogiera una, le acerqué el chocolate para que la mojara y empezó.
Al principio no iba mal encaminada, ya que me rozó la comisura de los labios, pero poco a poco empezó a alejarse, me manchó toda la mejilla, el cuello y la nariz. Finalmente y con mucha ayuda por mi parte encontró mi boca. Se quitó el pañuelo y al ver el resultado empezó a reírse a carcajadas.
-¿De qué te ríes tú fea?- le digo intentando picarla.
-De nada, de nada- me dice intentando contener la risa. Venga que te toca.
Se acerca a mí y hace el mismo procedimiento que había hecho yo con ella. En el momento en que tengo la fruta en la mano, una fresa esta vez, comienzo a buscar su boca. Intento aproximarme según lo que ella me dice, pero me cuesta demasiado, hasta que finalmente lo consigo.
Me quito el pañuelo y miro a ver como ha quedado. Tiene chocolate por la nariz, las mejillas, la barbilla y hasta un poco por el pelo.
Al igual que ella hizo conmigo, comienzo a reírme sin poder evitarlo.
-Ja ja, muy gracioso- me dice con ironía- ahora verás en mi turno.
Esas palabras me hacen ponerme en alerta. Le ato el pañuelo lo más fuerte posible para evitar que me haga trampas y cuando creo que lo tengo listo empezamos de nuevo.
Empieza manchándome el pelo, baja de nuevo hacia la nariz, la mejilla izquierda y finalmente y tras unos cuantos intentos más acaba encontrando mi boca. Me doy cuenta de que ha hecho trampa, pero prefiero no decirle nada y tomarme la justicia por mi mano.
Se vuelve a quitar el pañuelo y al verme se echa a reír de nuevo.
-Te estoy poniendo perdido, lo siento.- me dice sin poder dejar de reír.
-Tranquila, lo que sí vas a sentir es lo que voy a hacer ahora...
Ella no entiende nada, hasta que no cojo mi mano, la meto en el chocolate y se la paso por toda la cara.
-¡¡¡Carlos!!! ¡¡¡Mira como me has puesto!!!
-Aahh, ¡se siente! ¿Tú has visto como estoy yo por culpa tuya? ¡Tramposa! ¡Te he visto y estabas viendo!
-Pues sí, he visto, y solo te digo que peor que estarás como no pares quieto.
-¿Eso es una amenaza? ¿Me estás amenazando, enana?- le digo en broma mientras me levanto y me acerco a ella.
Ella se sienta de lado en la silla hasta quedar frente a mí, me mira a los ojos desafiante, y con una sonrisa vacilona me contesta con un simple "sí".
-¿Con que esas tenemos no? Ahora verás. La cojo en brazos, la dejo en el suelo y comienzo a hacerle cosquillas.
-No, no, para que no puedo más- me dice llorando de la risa.
-¿Vas a volver a amenazarme?
-Sí.
-Pues entonces no paro.- Le digo mientras sigo haciéndole cosquillas.
-¡Vale, vale, no lo haré más! ¡Para por favor!
Dejo de hacerle cosquillas y me acerco a besarla.
-Mmmmm, sabes a chocolate.
-Tú también, y me gusta.
-Jajajaja más me gustas tú a mí.
-¿Te gusto más que el chocolate? Eso es preocupante... ¿No tendrás fiebre o algo no?- Dice mientras me pone la mano en la frente tomándome la temperatura.
-Madre, qué tonta eres, pero te quiero taaaaaaaanto.
-Pues anda que yo a ti... Ni te imaginas cuanto.
-Si es tanto como lo que te quiero yo a ti me puedo hacer una idea.
-Yo creo que un poco más... Te quiero infinito.
-Pues yo infinito elevado al cubo. ¡Supéralo si puedes!
-¿Infinito elevado a infinito? ¡Ya no hay nada más grande que eso, he ganado!
-¡Mierda!- Cruzo los brazos y hago como que me enfado.- ¡No es justo, yo te quiero más!
-Me encanta cuando te enfadas, eres como un niño grande. Nos queremos igual y ya, ¿vale?
-¡Eso ya me gusta más!- acerco mis labios a los suyos una vez más y le propongo algo. ¿Oye fea te apetece un baño? Bajo la luz de la luna, solos... Más romántico no puede ser.
-Ya empezamos como la otra vez... No llevo bikini, pero eso no quiere decir que me tires a la piscina con ropa que te conozco.- me dice advirtiéndome.- además, acabamos de comer, a ver si nos va a dar un corte de digestión...
- Si entramos con cuidado no pasa nada, estate tranquila. Y por lo otro, yo tampoco llevo el bañador, y no voy a entrar a por él. Estoy demasiado bien aquí contigo como para irme, así que... ¿En ropa interior?
-Me da vergüenza- me dice. A pesar de la poca luz que hay puedo notar como se sonroja.
-¿Vergüenza de qué? ¡Es como un bikini! ¿Qué prefieres estar llena de chocolate toda la noche?
-No, pero no sé... Me da mucha vergüenza.
-No tienes por qué tenerla, en serio. Venga, vamos, ya verás como es divertido.
Comienzo a quitarme la ropa mientras la observo disimuladamente. Al principio se queda sentada sin desvestirse ni nada, pero finalmente se decide y empieza a desvestirse.
Espero a que ella esté lista y cuando lo está le cojo la mano y con cuidado entramos en el agua.
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